Están decepcionados pero no les queda otra que echarse a la mar. Y así lo han hecho. Un centenar de embarcaciones partieron ayer del puerto de Los Cristianos, en Arona, a la captura del atún rojo. Su destino: las aguas entre Tenerife, Gran Canaria y La Gomera donde los profesionales han detectado la presencia de esta especie. Según aseguran las propias tripulaciones, el viento y la marejada juegan en su contra. También, una cuota de pesca, establecida por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente en 140 toneladas para este año, que consideran “una tomadura de pelo”. “Se están riendo de nosotros. Esa cantidad es una limosna comparada con la riqueza que tienen en el resto de país”, afirma tajante uno de los pescadores con base en Los Cristianos, Leocadio Marcelino.

Sin rayos de luz que hicieran de despertador, poco después de las doce de la noche, las embarcaciones más tempraneras se aventuraron en la primera jornada de pesca. “Salimos a las dos de la madrugada en busca de la carnada”, detalla Marcelino, quien añade que “partimos más de 100 barcos llegados desde casi todas las Islas”. Su embarcación, La margarita, tuvo que regresar al puerto antes de lo previsto.
“Sufrimos una avería en el motor así que retornamos para arreglarlo. Ya no volveremos a salir hasta mañana”, explica el pescador.

A Marcelino y sus compañeros no les dio tiempo de lanzar el anzuelo. “Las primeras horas del día y las últimas de la tarde son las mejores para pescar el atún. A mediodía, con el calor, suele costar más”, apunta el tinerfeño mientras supervisa la reparación del motor. El patrón de su barco, Vicente Dorta, quien dirige la operación, destaca que la suya es una faena laboriosa. “Puedes pegarte tres o cuatro horas para coger una pieza y, a veces, va y se te escapa”, reconoce el pescador.

Cada uno de estos atunes llega a pesar unos 500 kilogramos y lo normal es que la embarcaciones regresen a tierra con dos o tres piezas. “Si hay pescado, cada día de trabajo traemos entre mil y dos mil kilos de atún pero hay jornadas que vuelves con las manos vacías”, sostiene Marcelino. Una especie de lotería con la que conviven a diario los que viven del mar. “Hay que pagar sueldos, gasolina y material con lo que, en ocasiones, no te llega ni para la pasta”, añade el marinero.

Según el tipo de barco con el que trabajen, la salida será a más o menos distancia. Este año, han tenido suerte. El atún se encuentra a unas 24 millas. Sin embargo, el mal tiempo no augura un buen inicio de campaña. Así lo señala Dorta, quien afirma que “hoy el viento nos está matando”. “Parece que el fin de semana las condiciones meteorológicas serán mejores pero esos días no podemos salir. Por lo tanto, no nos va a quedar otra que frenar la faena hasta el lunes”, indica el patrón.

A su lado, otra embarcación comienza a hacer la maniobra de atraque. Ha regresado antes de lo previsto. Uno de los tripulantes, Javier Delgado, explica que han tenido que volver al puerto por un problema personal. “Salimos anoche, cogimos carnada y hemos retornado. Partiremos de nuevo sobre las siete de la tarde”, detalla el pescador.

Delgado asegura que “hay pescado pero tienes que salir a buscarlo”. Y es que los profesionales detallan que el atún “se mueve”. “Puede que un día esté a una distancia y la semana siguiente ya se haya alejado una buenas millas. Tenemos que ir siguiendo su rastro”, aclara el tinerfeño. El pescador, que sale a faenar con un equipo de siete personas incluido un cocinero, un carnero, un patrón y un motorista, reconoce que el trabajo en el mar “es muy fastidioso”. “Nosotros trabajamos mucho tiempo fuera de casa. Acabamos de llegar de estar doce días en el barco, descansamos uno y volvimos a partir”, comenta Delgado.
Sobre las siete de la tarde comienzan a regresar las embarcaciones. El puerto se llena de luces, voces y ajetreo. Empieza el desembarco de la mercancía. Marcelino asegura que es el momento “de mayor movimiento”. Las cajas de atunes se apilan una tras otra para dirigirse a su destino final. “La mayoría de atún que pescamos aquí, al ser bastante cantidad, se vende en la Península, en grandes capitales como Madrid, Barcelona o Valencia”, explica el pescador, quien añade que, también, “una pequeña parte se coloca en el marco local”.

Además de las embarcaciones que han hecho del puerto de Los Cristianos su puerto base, otras tripulaciones han salido de playa San Juan, en Santiago del Teide, y de Santa Cruz de Tenerife. Según puntualiza el patrón Dorta, “son los tres puertos autorizados esta temporada”.

Para el pescador, “son demasiados”. “Con la cuota que tenemos establecida y todos lo que somos, terminaremos en unos días”, añade el patrón. Y es que el sector está muy decepcionado con la cuota que el Gobierno español ha determinado este año para los atuneros canarios. Un total de 140 toneladas que suponen apenas 40 más que el año pasado.

“Es insuficiente e injusta”, señala tajante Dorta quien añade que “se trata de un 10% del total nacional”. El titular del barco también considera que a los canarios, por historia, “nos corresponde una cuota mayor”. En este sentido, el pescador opina que “la culpa la tienen los políticos”. “No siempre lo han hecho todo lo bien que debería”, critica el patrón de La Margarita. Lo mismo piensa Delgado, quien sostiene que “es muy poco lo que nos dan y nosotros solo nos dedicamos a esto”. “Lo lógico es que, como mínimo, la cuota llegue hasta las 500 toneladas”, puntualiza el pescador.

Mañana, las embarcaciones volverán a partir del puerto tinerfeño con el objetivo de regresar a tierra con una buena mercancía. La faena continuará los días siguientes si el tiempo y el atún lo permiten. “La vida del pescador es impredecible”, concluye Delgado.